En un mundo sin esperanza

Cuando ya no puedo más, cuando soy incapaz de seguir adelante, de sonreír, de tocar, de pintar, de cocinar, de dormir, de escribir,… Cuando la desesperación me ha arrancado capa a capa mi fortaleza, mi determinación, mis ansias, mi impulso,… Sola y desnuda, vulnerable, sentimental; yo misma sin nada más, sin protecciones, sin orgullo,… sin esperanza. El vacío de mi pecho y mi cabeza no se pueden llenar, tienen demasiados agujeros, demasiadas inseguridades. Vanos momentos de alegría se disipan por la noche, en mi cama. Mi dolor moja la almohada como un río que conecta mi mente etérea con mi cuerpo físico, a mí con mi otro yo. Me ata, me encadena, me produce dolor. Los gritos en mi garganta se atascan bajo mi lengua a la espera de un momento a solas, de un momento en la playa. Las máscaras me mantienen aislada de preguntas que no quiero contestar, de miradas que no quiero recibir, de compasión que no quiero, que no deseo. Ahora hermana loca, ahora amiga despreocupada, ahora mujer fuerte y valiente, mujer firme… Me agoto y mi propio cuerpo se vuelve en mi contra, ataca mi cabeza y mi estómago con punzadas fuertes, con avisos de rendición. Quiero gritar, quiero llorar, quiero unos brazos que me acojan sin preguntar, sin mirar, sin sentir. Este dolor me envuelve y me hunde mientras me mantiene atada a las palabras, a mis pensamientos. Es un profundo lago que me oprime mientras me empuja a escribir, que me inspira. No conozco palabra que pueda describir la profundidad y dureza de este sentimiento. Es dolor sin dolor real, soledad en compañía, vacío en lleno, tristeza en felicidad,… Una dualidad que tira de mí y me agrieta. ¡Déjame, por favor! Busco la tranquilidad y me ahogo en ella, me hundo y me desespero porque mi otra mitad no quiere dejar de escribir, no quiere dejarlo. Quiero olvidarlo todo pero no me dejo. Quiero romperlo todo pero una parte de mí se apega al deseo de salir a la luz, un monigote insípido con ilusiones, con esperanzas aplastadas por un mundo cruel, por un mundo donde las bestias ganan y las flores son pisoteadas, donde vale más el morbo que algo bello… Sólo te tengo a ti, amor. Tú me das fuerzas para no hundirme en la desesperanza. Tú agarras la cuerda que no me deja hundirme. Tú liberas esta opresión que me acecha. Tú me abrazas y me besas cuando estoy sola y desnuda, vulnerable. Te tragas las miradas, los sentimientos y las preguntas. Sólo tus palabras me ayudan a rozar la esperanza, a seguir a flote. Tú eres el pegamento de mis múltiples máscaras. Tú eres mi ancla, mi salvavidas… Gracias.

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