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Lorena S. Gimeno

Epístolas del recluso y la herida #14

Anteriormente en Epístolas del recluso y la herida

Cada uno desde su cama, Jean y Calista han aprendido gracias a los personajes más cercanos a ellos lo que es la maternidad, la paternidad, y lo que les espera en el futuro. Jean quiere pensar en nombres para el bebé porque sabe que de esta forma ya no será un término tan abstracto y será más real, un verdadero punto de unión entre ambos. ¿Querrá Calista avanzar este nuevo paso? ¿Qué opinará de los pensamientos de Jean sobre su cuerpo?

Prisión Central de la República, 31 del V del año 1

A mamá Calista:

Los días se hacen largos y tengo mucho tiempo para pensar. Mis padres se llaman Tom y Susan y mi apellido… creo que no es realmente importante porque tengo planeado cambiármelo cuando nos vayamos a vivir al país de Lena con nuestro bebé.

Ya me han dado el alta y vuelvo a mi rutina habitual. Hago deporte y juego a pelota con otros presos porque quiero que, sea niño o niña, nuestro bebé pueda divertirse y tengo que aprender. Cuando era pequeño solo me enseñaron a cazar, así que no tuve mucho tiempo para jugar a tonterías banales que ahora veo que son importantes. Cuando tengo tiempo me pongo a leer en la biblioteca para cultivarme y saber qué quiero enseñarle en su momento a nuestro hijo o hija.

Creo que todos los quilos que estás ganando tú yo los estoy perdiendo, porque me estoy quedando seco y delgado. Como bien, pero este calor me deja sin agua en el cuerpo. Ojalá pudiera ver el mar o, al menos, olerlo; o poder caminar descalzo por la arena. Echo de menos muchas cosas de nuestra ciudad, pero creo que es así porque es lo que yo entiendo por libertad.

Ojalá alguna mujer de la cárcel hubiera parido mientras estaba ingresado en la enfermería para poder coger un bebé en brazos como has podido hacer tú. Te envidio. Yo al menos me veo los pies.

Supongo que si no me has dicho cómo se llama el país de Lena es porque eres precavida, y eso me alegra y me alivia. Será mejor que, cuando llegue el momento, te vayas sin esperarme. Cuando salga ya buscaremos la forma de reencontrarnos.

¿Qué música relaja más al bebé? ¿Le lees cuentos de vez en cuando? Lo más importante es que te relajes y no te compliques la vida pensando en lo que hacer y lo que no. Sé que serás una buena madre y espero estar a la altura cuando llegue el momento.

Últimamente sueño que estamos tumbados en una enorme cama, durmiendo, y puedo acariciarte la barriga y notar los pies y las manos de nuestro bebé mientras cantas una nana que creo que me cantaba mi madre cuando era pequeño. Aún recuerdo lo suave que es tu piel, tu olor, el color de tu pelo y tus ojos. Y con cada fotografía que me mandas veo que cada vez eres más una mujer, preciosa, valiente y responsable, mucho más que yo. Creo que sé quién será el bueno y la mala de la casa (no lo digo a mala fe, pero siempre hay un mandón y creo que serás tú), y quién disfrutará de las noches en vela y de preocupación cuando le salgan los dientes o tenga pesadillas. No dejo de pensar en que, por mis estúpidos actos, no podré estar ahí y no podré verlo o verla crecer. Voy a perderme los primeros años de nuestro hijo o hija por ser un idiota inmaduro y agresivo. No voy a poder escuchar sus primeras palabras y, cuando me vea por primera vez, tengo miedo de que no quiera llamarme “papá” o me odie por no estar ahí cuando me necesitaba. Últimamente tengo mucho miedo, Calista, y me aferro a tus fotografías y las ecografías de nuestro bebé, llorando como un niño hasta la mañana siguiente.

¿Cómo olerá? ¿Cómo será cambiarle los pañales? ¿Cuál será su primer juguete? ¿Y su primer diente? ¿Le gustará comer de todo o será un quejica de la verdura como yo? ¿Llorará cuando le duela la tripa? ¿Pensará en mí alguna vez? No quiero que vea fotografías de como soy ahora. No se las enseñes. Prefiero que no sepa cómo soy hasta que pueda tenerme cerca. Me aseguraré de ser un hombre a la altura de ser su padre dentro de cuatro años. Lo juro por lo que más quiero. Lo juro por vosotros dos.

Un papá orgulloso de mamá,

Jean

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